Fe de errotativas


Morir con las botas puestas. Por y para Enrique Meneses
enero 7, 2013, 4:03 pm
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Hace unos años, cuando todavía estaba en primero de carrera y había empezado mi andadura periodística, realizamos mi compañero de clase Iván y yo una entrevista al gran periodista que ha dejado este mundo, Enrique Meneses, aquel que vivió de cerca la revolución de Fidel Castro y que decía que ‘África es mejor que Disneylandia’, un aventurero de los que ya no quedan, un ‘roadman’, un hombre que hizo del periodismo su vida y su vocación.

Conocí por primera vez a Enrique en persona en un Café y Periodismo y estuvimos hablando de realizar una entrevista que nunca llegamos a editar para la facultad. Recuerdo que llegamos a la calle Ginzo de Limia, Metro Herrera Oria, donde Ciudad de los Periodistas; subimos hasta el 13-C y nos abrió la puerta su asistenta. Nos esperaba leyendo el periódico, con el portátil encendido. En la casa también estaba Israel, un muchacho que recopilaba su archivo para un trabajo que estaban realizando. Nos estrechó la mano a los dos y nos invitó a tomar asiento.

Tras una breve explicación de por qué estábamos allí, comenzamos a saciar las dudas que sobrevuelan el periodismo, desde la maestría y la voz de la experiencia, de quien ha recorrido desde El Cairo hasta Cabo y volvió. Un Kapuscinsky español. -“Don Enrique, usted…” -“No me llames de usted porque te echo”, le dijo a Iván, lo que demostraba su braveza a pesar de necesitar la bomba de oxígeno que ya llevaba consigo, de quien, a su edad se abrió un blog, creó una televisión (Utopia TV) y quien trató de luchar contra “nuestros hijos de puta”, para denominar a quien corrompía a los gobiernos, a través de lo que mejor sabía hacer: fotos.

“Lo que le pasa a este oficio no es la crisis que vive: no son ya los intereses del director y de la empresa, que se enseñe a hacer periodismo en las facultades, sino que no hay aventureros. No hay vocación. Nos hemos tirado a lo que hace dinero”, decía. “Hay que buscarse los obstáculos para luego superarlos. Hay que jugar al ajedrez contra uno mismo. Te puedes comer el salchichón más grande del mundo si lo cortas en rodajitas”.

Para Enrique, el blog no era más que una mera herramienta que buscaba colocarse. Vaticinaba que de una plantilla de 2000 personas, 200 serían blogueros. El Twitter, como decía, era un arma de revolución social. Y no andaba mal encaminado si nos fijamos en la actualidad. “La cuestión es que hay que utilizar más el cerebro porque (en referencia a Internet, Twitter y los blog) no son periodismo. Polivalencia. Hay que cubrir el ángulo de la información”.

“La información sale por los sobacos”, seguía. “El periodismo que viene será el que explica, analiza los hechos y que no debe de dejar de contar las cosas”.

Ahora que se marcha (si se me permite) hacia África “porque es el futuro”, Enrique tenía claro que sin la muerte, la vida no es vida. “Hay que apreciarla, sin duda, pero hay que cortar el cordón umbilical con mamá”. Él recordaba siempre una frase de Tom Wolfe: “No le digas a mamá que estoy ejerciendo de periodista”. “Yo nací casi en una redacción. Llevo tinta de imprenta en las venas, ¿qué os voy a contar? Quien aguanta, gana”.

Hasta siempre, maestro.

Imatge



Sobre fotoperiodismo y ética

Imagen

El pasado día 20 de diciembre tuvo lugar una marcha desde Plaza España hasta la
Plaza de Neptuno, convocada por la plataforma 25S para protestar contra los presupuestos aprobados por el gobierno de Mariano Rajoy para 2013.

Cuando llegué sobre las 21 horas al lugar donde acababa la manifestación, tomada por
más policías y prensa que por manifestantes, realicé la foto que encabeza esta entrada. Era una chica que portaba una vela y la máscara de ‘V de Vendetta’, símbolo explotado y convertido por las revoluciones que han sacudido 2011 y todo este 2012. El caso fue que le pedí permiso a la chica para tomarle una foto y le rogué además que se pusiera la máscara para proteger su identidad.

Un grupo de fotógrafos se puso en fila detrás para poderle tomar una foto a la chica,
situación que yo había provocado. Uno de estos (no voy a decir su nombre) se me acercó posteriormente y me preguntó qué iba a poner en el pie de foto. Le contesté que ninguno porque en el medio en el que trabajo no lo usamos para una noticia.

Otro fotógrafo que estaba atento a la conversación y que había visto la escena me dijo que eso acababa de hacer “no era periodismo porque no es ético pedir que una persona pose. Será fotografía pero no es fotoperiodismo” (estoy de acuerdo en parte) como yo le había pedido a la chica y que,  en cuanto lo supo, borró las fotos.

Más allá de conseguir una fotografía con un fin y mediante unos medios, considero que, a pesar de que sea una concentración pública en la que se pueden tomar fotografías y vídeos de lo que sucede, dados los principios del derecho de la información, una persona en una determinada situación, sea cual sea, y más en esta que va a ir publicada para mí o para quien sea, debe ser informada para respetar su dicha identidad, y más en un estado como España, donde cada vez el control sobre los medios de comunicación es mayor (véase el caso de publicación de fotografías de policías aporreando a la gente que se manifiesta), ya que igual no desea que su familia o jefe sepa que ha acudido ha dicho acto, lo que ya deriva en un tema de responsabilidad personal. En concreto, este caso fue comparado con el hecho de simular una realidad que no está pasando, como pedir a alguien que agite las vallas o “tomar a un policía levantando el brazo para representar su violencia”, lo cual, desde el punto de vista deontológico y periodístico, es manipulación.

Hay otras imágenes, como esta, esta y esta, que se asemejan a esta situación.          ¿Son o no periodismo? ¿Acaso pedir permiso para tomar una imagen que
aparece en un determinado momento del acto es manipulación?
Hay casos y situaciones en las que desde siempre se han derivado en manipulación informativa, pero defiendo que pedir hacer una fotografía o interactuar con el sujeto
no es manipulación dependiendo del fin con el que se use la imagen.

Comentando esta situación con una compañera de clase, me llevó a reflexionar sobre lo que me dijo. Desde la crítica, me dijo que “los fotógrafos sois unos cabrones porque os ponéis en puntos estratégicos donde sabéis que va a pasar algo, como frente a las vallas del Congreso”. Totalmente cierto. De hecho, creo que la presencia misma de cámaras hace que la gente se comporte de determinada manera porque desea ser el foco de atención de los medios y además todos sabemos qué tipo de fotos están deseando publicar los medios para los que trabajamos. Por lo tanto, somos parte de esa manipulación enmascarada que, a fin de cuentas, se llama información.



Policía para qué si tenemos a UGT o cómo los sindicatos rompieron la marcha negra
julio 12, 2012, 1:36 pm
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Este post no merece demasiada extensión en cuanto es una denuncia al papel lamentable que tuvieron los sindicatos de Comisiones Obreras (CC.OO) y la Unión General de los Trabajadores (UGT) durante el desarrollo de las protestas mineras en Madrid, tanto con los verdaderos protagonistas, los mineros, como con los medios de comunicación, que actuaron contra nosotros de manera dictatorial y policial, impidiendo que pudiéramos realizar nuestro trabajo de forma cómoda incluso encarándose con reporteros, cámaras y fotógrafos.

Durante la entrada en Moncloa hasta la Puerta del Sol de los mineros, se organizaron ‘grupos de orden’ que servían de barrera para crear un ‘perímetro de seguridad’ para los mineros. En boca de alguno de estos organizares, identificados o no por camisetas con las siglas de CC.OO y UGT: “porque los mineros lo quieren así”. Todo ello bajo el argumento de que “con la prensa delante no podemos avanzar” y, cuando fueron preguntados los mineros, les habían rogado que la prensa pudiera estar dentro del perímetro antes mencionado porque “los protagonistas somos nosotros y no ellos, que nos tienen aquí como en un corral”.

Llegados hasta aquí, únicamente cabe denunciar la deleznable actuación que han tenido, y tienen, en el conflicto de la minería y en el mundo laboral en general, estas organizaciones, que dicen representar al trabajador, no merecen otro nombre que el de mafia y que, junto a la clase política, banqueros y demás, son la verdadera lacra de la sociedad española, que han abandonado al trabajador para defenderle y posicionarse al lado del patrón o empresario para blindarse el sueldo y convertirse en marioneta de los partidos políticos. ¡No al sindicalismo politizado!



Rompiendo los moldes periodísticos, otra vez
julio 8, 2012, 1:18 pm
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El pasado domingo 1 de julio, el diario valenciano ‘Superdeporte’, propiedad de Prensa Ibérica, publicaba esta portada con motivo de la celebración de la final de la Eurocopa entre España e Italia que, a su vez, coincidía con el desarrollo de la catástrofe natural que ha arrasado Valencia.

Como se puede comprobar, es de mal gusto y, por ello, denunciable, ya que quebranta, al menos, tres principios deontológicos.

El primero de ellos recae sobre la manipulación de la fotografía. La imagen del incendio no supone ningún inconveniente de no ser porque la fotografía se está utilizando con un fin contrario al que debería dársele: la utiliza bajo un titular desvinculado al contexto al que pertenece, es decir, no informa sobre la catástrofe sino que posee un fin agitador además de contener un tono sensacionalista. Recíprocamente, se quebranta el principio de ‘verdad, objetividad y exactitud’, tanto en fotografía como en periodismo.

Este tono sensacionalista mecionado se puede apreciar en el subtitular ‘El fútbol no apagará el incendio de Valencia pero sirve para calentar el alma’. De esta forma, puede herir la sensibilidad de aquellas personas que se han visto afectadas por el incendio. Algunos pueblos han perdido enteramente sus extensiones, además las altas pérdidas ecológicas en las que están valoradas dichas extensiones.

Al parecer, lo que mayor importancia tiene aquí se encuentra en el derecho al honor desde varias perspectivas:

1. Se está utilizando una fotografía con un fin contrario al que debería dársele a este tipo de acontecimientos, y más cuando se está hablando de pérdidas humanas y ecológicas. De esta manera, se está abusando de una imagen y de la autoría de la misma. Aunque el autor de la fotografía haya dado su permiso, supone una alteración de la ética fotográfica en cuanto a su fin y uso.

2. Esta publicación falta el respeto y vulnera el honor de:

– Todos los seguidores de la Selección de fútbol ya que identifica un incendio con su pasión.

– A los valencianos que se ven afectados por el incendio así como a todas las personas involucradas.

– A los periodistas (otra vez), tanto del periódico como en general, que ven su profesión dañada ante aquellos que no respetan las normas deontológicas.



José Antonio Guardiola: “Los periodistas deben acostumbrarse a decir más veces que no”
julio 4, 2012, 2:20 pm
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En septiembre de 2011 realicé junto a mi compañero de facultad Juan José Lucena (@terceroizqda) una entrevista a José Antonio Guardiola, director del programa de RTVE ‘En Portada’. Fue director de la sección de Internacional con la misma corporativa y corresponsal en Afganistán cuando Estados Unidos invadió el país en busca de Bin Laden y ha sido recientemente premiado con el Salvador de Madariaga de Periodismo. Ha realizado varios documentales, los cuales han sido reconocidos por distintas academias e instituciones por su contribución al oficio.

Aquí, la entrevista íntegra que fue, posteriormente, incluida en un trabajo para la asignatura de Historia de la Comunicación Social.

P: José Antonio Guardiola: actualmente eres director de “En portada” y llevabas la dirección de la sección de internacional, ¿cómo funciona todo?¿Cómo se organiza un departamento como el tuyo?

En portada” ha tenido varias vidas. En cada una ha tenido una manera de organizarse dentro de la estructura de los servicios informativos de TVE. Ha habido veces que no existía un equipo fijo y otras en la que había equipos estables como es el caso.

Esta versatilidad da mucho juego, cuando no era director y era reportero de guerra, “En portada” me permitía salir de los telediarios y llevar a cabo un trabajo de investigación; es decir, un trabajo mucho más denso.

Con respecto a la organización, tenemos en la actualidad un presupuesto adscrito a los servicios informativos, que hemos ido reduciendo en los últimos años. El año pasado lo redujimos un 20% y ahora un 10% sobre lo ya reducido. Por otro lado, tenemos un equipo estable, yo soy el director, la subdirectora es Susana Jiménez, además contamos con un equipo de redactores, realizadores y la producción. También, tiramos del trabajo del área internacional o de corresponsalías. Emitimos cada quince días y se graba cada diez, no como hace cinco años que grabábamos un reportaje en treinta días. El gasto de cada reportaje incluye viaje, alojamiento, dietas… No obstante, la crisis del periodismo nos ha afectado en el sentido de que podría no haber “En portada”.

Finalmente, nuestra página web es bastante potente, y a mí me permite ver el reportaje en casa con mucha calidad, meter elementos adicionales: el guión, entrevistas en pdf o el cómo se hizo.

P: ¿Cómo es la relación que hay que tener con los ministerios de relaciones exteriores, embajadas, consulados a la hora de enviar a un periodista?

Si quiero hacer un reportaje tengo que contactar con nuestro embajador en el país, pero éste tiene una capacidad de influencia limitada. Se debe avisar a la embajada de que el periodista va a ir, de manera que éstas se involucran, pero hay veces que pasan de uno. Por lo general, nos ayudan si tienes un problema.

Con las autoridades de los países en cuestión hay veces que no nos dejan entrar, como Birmania o Corea del Norte. En India queríamos hacer un reportaje sobre trasplantes de órganos, pero no pudimos. Incluso mintiendo, te piden tanta información que tú mismo te delatas. Muchos ponen trabas a través del visado o te ponen un guía, un comisario político, para que sepan en todo momento qué es lo que vas a hacer. Éste nos condiciona en bastante medida a la hora de hacer el reportaje. Por otro lado, hay países como Cuba con los que hay que negociar mucho y otros como es el caso de Nicaragua cuando grabé ‘Nicaragua al Alba’, que se puede grabar sin ningún problema.

La web te permite, puesto que contra los periodistas cada vez hay más sospechas, ser la carta de presentación cuando se va a hacer un reportaje a un país determinado. El primer reportaje que hicimos fue con Fidel Castro y pudimos demostrar la calidad que tenemos.

P: ¿Qué tipo de relación existe con las agencias de información?

La relación es puramente empresarial: Efe, Reuters, Associated Press… con ellos firmas un contrato para que ellos te proveen la imagen que tú quieres contratar, Te aportan información que compras por paquetes y eliges previamente. Cuanto más cojas más pagas.

P: Con la existencia de las agencias, ¿sería razonable mantener una red de corresponsales?

Sí. Los corresponsales son la mirada propia. Son dos vías totalmente compatibles. Las agencias te aportan una imagen y un texto que proviene del periodista que forma parte de Reuters o AP.

Él tiene una manera de ver ese acontecimiento marcado por su país, cultura, mil cosas. Lo importante es que el medio tenga un periodista que presente una visión adaptada del hecho según su cultura, su sociedad, su línea editorial. No hablo de manipulación.De hecho, el corresponsal es el que le da el valor informativo a un medio de comunicación. Aquel medio que no tiene corresponsal tiene una capacidad internacional limitada. El corresponsal que se envía al destino es el mejor periodista del medio o uno de los mejores. Ahora ha cobrado mucha fuerza el papel de los colaboradores por la crisis; es decir, al no formar parte de la plantilla no se invierte tanto dinero y salen mucho más baratos. Por ello, han caído los corresponsales de plantilla, dejando un hueco cubierto finalmente por los colaboradores

P: Entonces, en ese sentido, el periodista independiente, el freelance, ¿tiene cabida en el periodismo?

La tiene, pero la traducción de independiente no es la adecuada. Todos somos independientes. Ha ganado mucho peso, y de los grandes corresponsales de guerra españoles, la mayoría son jóvenes. Hay otros, como Gervasio Sánchez, que es un freelance consolidado. Independiente no es el término más adecuado, todos los periodistas son independientes.

P: Al principio hablábamos de Twitter y Facebook. Al ver el documental “El testigo incómodo”·, la guerra de Vietnam, es la primera que se televisa, pero había que esperar una semana para enterarse de lo ocurrido. ¿Cómo ha evolucionado el periodismo?

Hay una cuestión imparable: las tecnologías. Cuando los antiguos periodistas que salían a hacer “Primera Plana”, sabían cuándo salían pero no cuando volvían. Te ibas a Australia o a Etiopía y de ahí a Japón. Ya no hay periodistas dando la vuelta al mundo. Las tecnologías te permiten, y la empresa te obliga, a tener un contacto casi diario con la información, es decir, con el contenido de tu medio. Ahora no puede ser como en Vietnam. No puedes mandar tu información en avión o satélite, como hacía Miguel de la Cuadra Salcedo.

Ahora los periodistas van a la guerra a cubrir la posición de directo. No estás donde tienes que estar para contarlo. Hemos pasado de cubrir lo que hay que cubrir a que el periodista se entere de lo sucedido por Internet o por teléfono desde el hotel. Eso ha prostituido bastante el buen periodismo.

Contar una guerra es bastante difícil. Cada uno quiere que cuentes su versión. Cubrir las guerras es cada vez peor porque el medio te exige rapidez y no puedes contrastar. Cuentas lo primero y lo cuentas peor. Necesitamos que el café repose, que deje el poso y te tomes el caldo bonito. Se puede extrapolar al resto del periodismo, pero más en las guerras.

P: ¿Hay saturación informativa en el periodismo?

La saturación es un elemento muy subjetivo: nunca ha habido tanta población tan bien formada y tantos medios para ofrecerte dicha información. Ello hace que la información sea cada vez mayor y sea más complicado cribar lo importante de lo interesante. Hay una simplificación cada vez mayor de los contenidos informativos. Y en eso Twitter tiene mucho que ver.

P: ¿Gozas de autonomía o es autónomo a la hora de realizar su trabajo?

Sí. Dentro de las empresas hay determinados condicionantes. Siempre he tratado de escoger a los mejores por el bien de tu empresa. Para los trabajos “finos” hay que poner a los trabajadores “finos”.

P: Entonces, ¿cómo es la influencia del medio al que perteneces sobre el estilo periodístico? ¿Tienes libertad para contar lo que ves o el propio medio te hace seguir unas directrices?

A mí nadie me ha exigido que cuente las cosas de una determinada manera, otra cosa es que como redactor me manden a un sitio en lugar de a otro. Siempre he contado como me ha parecido y nunca me han dicho que lo contara de otra manera. Trabajar en una empresa pública tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Durante mucho tiempo hemos estado más expuestos a las voluntades de los políticos y otras veces menos, pero también el estar en una empresa pública te permite saber que si alguien te obliga a hacer algo y le dice que no, esto no significa que te vayan a echar a la calle. En una empresa privada, sí. Los periodistas deben acostumbrarse a decir más veces que no.

P: ¿Existe un periodismo más allá del burka que interponen los propios partidos políticos?

Sí. Su propia opacidad me impide ser más explícito. Año 2000 cuando yo estaba en Madrid y era redactor, comenzaron a llegar informaciones acerca de un riesgo brutal de hambruna en Etiopía, que va a morir un millón y medio de personas.

En Addis Abeba, contactamos con la BBC y cuando llegamos a la zona exacta (frontera con Somalia y Kenia) los etíopes nos dicen que la hambruna es igual que la de hace 10 años, el año pasado y la de dentro de 10 años, es decir, ahora. Me dio por preguntarme quién había activado esta alarma. Llegué, finalmente, a la conclusión de que lo había hecho la BBC ya que existía un conflicto diplomático entre Etiopía y Gran Bretaña, de manera que si indicaba que existía un elevado riesgo de hambruna, los extranjeros podrían entrar en la zona sin que el régimen etiope mostrara resistencia porque lo hacían de forma humanitaria y periodística. Metieron Occidente a los etíopes entre pecho y espalda.

P: ¿Es el periodismo la mejor herramienta en tiempos de crisis?

Es la mejor en tiempos de crisis económica, moral… El periodista tiene un contrato con la sociedad que me obliga a contar por lo menos mi verdad: ser riguroso, contrastar. A no hablar por hablar. Cuando se cumple, es una gran herramienta. Cuando el periodismo es mentira, lo estamos prostituyendo. Me extraña que se llame periodista a aquellos que aparecen en programas de cuchicheos. A lo mejor yo no lo soy y Belén Esteban sí lo es. No exijo la exclusividad del término, pero hay una gran diferencia entre esa profesión y la mía. En tiempos de crisis eso ayuda a que la gente entienda una serie de referentes.

P: Como reportero, tienes la obligación de contar las cosas tal cual lo ves. Además de periodista, durante una guerra, también eres persona. ¿Cómo influye todo esto?

Lo decía en el reportaje y me refería al periodismo empotrado: cuando vas empotrado en las tropas británicas o de Estados Unidos y sólo te puedes mover por donde ellos dicen que te muevas, tienes que contar lo que ves y debes de aclarar que sólo estás informando desde una de las partes que están en conflicto. Si pretendes contar la guerra sólo desde esa óptica, está mintiendo porque hay combates y guerras que no estás viendo.

Las guerras hay que explicarlas. Yo en Afganistán trataba de explicar el contexto de la guerra. No iba empotrado con nadie. La visión global como empotrado no la puedes tener nunca.

Si viajas, poso personal, sí, pero ahí también depende de la personalidad de cada uno. Tengo un espíritu un tanto viajero: tomo el avión, y si voy a Nicaragua me siento nicaragüense. Me olvido un poco de mi parte española. Cuando vuelvo a Madrid, me vuelvo a sentir español. Eso permite reciclarte continuamente. Ahora bien, no quita que al volver de una guerra y ver muchos muertos, que ha fallecido un amigo, no te toca. Pero ahí depende de la psicología que le quieras dar. Al volver de una guerra me ponía a trabajar en lo que no quiere hacer nadie, lo más humilde: las colas, el texto que lee el presentador. Eso me daba una sensación de normalidad, de José Antonio Guardiola, y de estabilidad familiar. Muchos de mis amigos tienen vidas muy desestructuradas porque han apostado por ello, yo tengo muy claro que mi vida son mi mujer y mis hijos, y que lo otro es mi profesión. Muchas veces he dejado de ir a las guerras en momentos clave por compromisos familiares. Rechacé ir de empotrado a Kabul, en el batallón en el que murió Julio Anguita. La familia es lo primero y lo otro va después, eso a mí me da mucha fuerza. Hay otros que están intentando siempre salir y ser los primeros, suelen ser los que viven solos, libran un domingo y no saben qué hacer, etc.

P: El mejor chaleco antibalas es el miedo. En una situación de normalidad, ¿ese miedo puede ser un sinónimo de ética y objetividad? ¿Se puede ser periodista sin miedo?

Sí que se puede ser periodista sin miedo pero puede que no cumplas muchos años, esa frase me parece que encierra mucho. Da la sensación de que el reportero de guerra no tiene miedo. Parece que el reportero es superman. Tiene miedo y tiene que tener miedo y si no tiene, es probable que acabe muy rojo o muerto.

P: Si no se tiene miedo es por la deformación del cine, ¿no?

Eso es más del ciudadano. Yo creo que la sociedad se ha acostumbrado a ver las guerras en la televisión y al final se creen que es una persecución de coches. Y no. En realidad hay muertos, se viola y se queman casas. En eso influye mucho la manera de contar las guerras.

Al final edulcoras tanto la guerra, que la sociedad le pierde el miedo. Si una sociedad piensa que una guerra es algo que se pasa, se entra en un crisis moral porque la guerra es lo más devastador que le puede ocurrir a alguien. Parece que las guerras son aventuritas. Sólo teniendo miedo se puede contar siempre y bien una guerra. Lo importante de una noticia es poder contarla y volver. No tenerla.

El miedo ayuda a ser más ético pero entrar en el debate miedo-cobardía no es lo justo. El chaleco antibalas no es el miedo como tal, sino el indicar hasta dónde contar, que está en manos del equipo entero. Hay que decidir cuándo dar el paso atrás.

En Jedín, los territorios ocupados en la operación ‘Muro de Defensa’. Israel estaba haciendo de todo con los palestinos. Estaba con Carlos, Iván Llela, Fran Sevilla y Alfonso Rojo. Subimos a un olivar desde donde se divisaba la ciudad con la idea de poderle preguntar a alguien. Y entonces, Alfonso dijo: “mi prestigio me obliga a llegar hasta aquí y no dar un paso más”. Y los demás dijimos lo mismo y nos volvimos. Eso es el miedo: que algo huele mal y podemos salir en una caja.

P: ¿Qué es la guerra para un reportero? ¿Qué aprende un periodista? ¿Qué es lo que puedes enseñar?

Que el ser humano es a veces monstruoso. A Robert Fisk, un periodista del Independant, magnifico pero me cayó fatal, le dije que lo que me fascinaba de la guerra era conocer los límites del ser humano que no te lo imaginas en una situación normal. Te imaginas que tu cuerpo, o tu mente, va a colapsar en una situación crítica antes de lo que crees. Aprendes que es muy fuerte y que es muy malvado y muy manipulable: un grupo de dirigentes que es capaz de manipular un pueblo, como en los Balcanes, que son capaces de inocular el odio cuando habían convivido durante siglos, es tremendo. Mira lo que hacían con los croatas, que les ponían los huevos colgando de corbata.

Me revienta mucho cuando se simplifica mucho una guerra. Ese es el primer paso para que la sociedad deje de tenerle miedo a la guerra.

También he aprendido mucho de periodismo. A moverme en territorios complicados. Siempre te tratarán de colocar una versión. En una guerra es muy fácil decir que Sadam tiene armas, que tiene vínculos con al Qaeda. Todo eso inocula un odio. Había elementos que te incitaban a creerlo. La guerra de propaganda en una guerra, poco a poco hace que la empiezas a ver con cierta distancia. Aprendes a cuidar lo que tienes.

En una guerra hay malos y buenos. Los malos son los que dirigen las guerras, sean serbios, croatas o bosnios; los buenos son los que mueren y desde luego, los malos no son inocentes. En Sarajevo, todos los periodistas estaban muy influenciados por el dolor para tratar de contarte su versión. Lo que pasa es que no había nuevas tecnologías. Ahora al Qaeda te sube un vídeo a la red y punto. Le importa un bledo tu versión y sin necesidad de invitarte a un gin tonic para convencerte.

Las guerras hacen que los periodistas seamos más vulnerables.

P: ¿Relato frente al análisis?

A mí me gusta más el relato que el análisis. Cuando estudiaba periodismo, yo me veía más en Bruselas como corresponsal, porque me gustan las Relaciones Internacionales y estudiarlas. Me gusta contar la sustancia. Por ejemplo, ¿qué te enseña el 11-S? Que se ha desintegrado el modelo de seguridad del imperio estadounidense y que se han endeudado hasta las cejas. ¿Y quién compra esa deuda? China. Y China tiene a Estados Unidos “agarrado por los huevos”.

A mí me gusta vivir una historia y contarla desde mi perspectiva y por ello me gusta explorar nuevos modelos de narración. Cuando llegué a ‘En Portada’ dije: “quiero que arriesguemos”. Todo ello te supone nuevos retos. Para cada tema, me gusta buscar un estilo.

P: ¿Maldito o bendito oficio?

Las dos cosas. Si me preguntas en Sudán del Sur una noche que dormí 42º sin aire acondicionado, con los mosquitos, con una camiseta de manga larga, la mosquitera… digo maldito, maldito, maldito. Es una ironía, pero para mí es una bendición. El hecho de ser testigo de grandes hechos humanos y poderlo contar, es una bendición. Pero cuando en una guerra matan a un amigo, maldito. Y cuando ves que los que dirigen el periodismo no son periodistas, sino que son los que especulan con tu dinero, dices que esto no es un oficio, que es un negocio. Pero si lo pongo en una balanza, me quedo con lo bendito.