Fe de errotativas


José Antonio Guardiola: “Los periodistas deben acostumbrarse a decir más veces que no”
julio 4, 2012, 2:20 pm
Filed under: Periodismo | Etiquetas: , , ,

En septiembre de 2011 realicé junto a mi compañero de facultad Juan José Lucena (@terceroizqda) una entrevista a José Antonio Guardiola, director del programa de RTVE ‘En Portada’. Fue director de la sección de Internacional con la misma corporativa y corresponsal en Afganistán cuando Estados Unidos invadió el país en busca de Bin Laden y ha sido recientemente premiado con el Salvador de Madariaga de Periodismo. Ha realizado varios documentales, los cuales han sido reconocidos por distintas academias e instituciones por su contribución al oficio.

Aquí, la entrevista íntegra que fue, posteriormente, incluida en un trabajo para la asignatura de Historia de la Comunicación Social.

P: José Antonio Guardiola: actualmente eres director de “En portada” y llevabas la dirección de la sección de internacional, ¿cómo funciona todo?¿Cómo se organiza un departamento como el tuyo?

En portada” ha tenido varias vidas. En cada una ha tenido una manera de organizarse dentro de la estructura de los servicios informativos de TVE. Ha habido veces que no existía un equipo fijo y otras en la que había equipos estables como es el caso.

Esta versatilidad da mucho juego, cuando no era director y era reportero de guerra, “En portada” me permitía salir de los telediarios y llevar a cabo un trabajo de investigación; es decir, un trabajo mucho más denso.

Con respecto a la organización, tenemos en la actualidad un presupuesto adscrito a los servicios informativos, que hemos ido reduciendo en los últimos años. El año pasado lo redujimos un 20% y ahora un 10% sobre lo ya reducido. Por otro lado, tenemos un equipo estable, yo soy el director, la subdirectora es Susana Jiménez, además contamos con un equipo de redactores, realizadores y la producción. También, tiramos del trabajo del área internacional o de corresponsalías. Emitimos cada quince días y se graba cada diez, no como hace cinco años que grabábamos un reportaje en treinta días. El gasto de cada reportaje incluye viaje, alojamiento, dietas… No obstante, la crisis del periodismo nos ha afectado en el sentido de que podría no haber “En portada”.

Finalmente, nuestra página web es bastante potente, y a mí me permite ver el reportaje en casa con mucha calidad, meter elementos adicionales: el guión, entrevistas en pdf o el cómo se hizo.

P: ¿Cómo es la relación que hay que tener con los ministerios de relaciones exteriores, embajadas, consulados a la hora de enviar a un periodista?

Si quiero hacer un reportaje tengo que contactar con nuestro embajador en el país, pero éste tiene una capacidad de influencia limitada. Se debe avisar a la embajada de que el periodista va a ir, de manera que éstas se involucran, pero hay veces que pasan de uno. Por lo general, nos ayudan si tienes un problema.

Con las autoridades de los países en cuestión hay veces que no nos dejan entrar, como Birmania o Corea del Norte. En India queríamos hacer un reportaje sobre trasplantes de órganos, pero no pudimos. Incluso mintiendo, te piden tanta información que tú mismo te delatas. Muchos ponen trabas a través del visado o te ponen un guía, un comisario político, para que sepan en todo momento qué es lo que vas a hacer. Éste nos condiciona en bastante medida a la hora de hacer el reportaje. Por otro lado, hay países como Cuba con los que hay que negociar mucho y otros como es el caso de Nicaragua cuando grabé ‘Nicaragua al Alba’, que se puede grabar sin ningún problema.

La web te permite, puesto que contra los periodistas cada vez hay más sospechas, ser la carta de presentación cuando se va a hacer un reportaje a un país determinado. El primer reportaje que hicimos fue con Fidel Castro y pudimos demostrar la calidad que tenemos.

P: ¿Qué tipo de relación existe con las agencias de información?

La relación es puramente empresarial: Efe, Reuters, Associated Press… con ellos firmas un contrato para que ellos te proveen la imagen que tú quieres contratar, Te aportan información que compras por paquetes y eliges previamente. Cuanto más cojas más pagas.

P: Con la existencia de las agencias, ¿sería razonable mantener una red de corresponsales?

Sí. Los corresponsales son la mirada propia. Son dos vías totalmente compatibles. Las agencias te aportan una imagen y un texto que proviene del periodista que forma parte de Reuters o AP.

Él tiene una manera de ver ese acontecimiento marcado por su país, cultura, mil cosas. Lo importante es que el medio tenga un periodista que presente una visión adaptada del hecho según su cultura, su sociedad, su línea editorial. No hablo de manipulación.De hecho, el corresponsal es el que le da el valor informativo a un medio de comunicación. Aquel medio que no tiene corresponsal tiene una capacidad internacional limitada. El corresponsal que se envía al destino es el mejor periodista del medio o uno de los mejores. Ahora ha cobrado mucha fuerza el papel de los colaboradores por la crisis; es decir, al no formar parte de la plantilla no se invierte tanto dinero y salen mucho más baratos. Por ello, han caído los corresponsales de plantilla, dejando un hueco cubierto finalmente por los colaboradores

P: Entonces, en ese sentido, el periodista independiente, el freelance, ¿tiene cabida en el periodismo?

La tiene, pero la traducción de independiente no es la adecuada. Todos somos independientes. Ha ganado mucho peso, y de los grandes corresponsales de guerra españoles, la mayoría son jóvenes. Hay otros, como Gervasio Sánchez, que es un freelance consolidado. Independiente no es el término más adecuado, todos los periodistas son independientes.

P: Al principio hablábamos de Twitter y Facebook. Al ver el documental “El testigo incómodo”·, la guerra de Vietnam, es la primera que se televisa, pero había que esperar una semana para enterarse de lo ocurrido. ¿Cómo ha evolucionado el periodismo?

Hay una cuestión imparable: las tecnologías. Cuando los antiguos periodistas que salían a hacer “Primera Plana”, sabían cuándo salían pero no cuando volvían. Te ibas a Australia o a Etiopía y de ahí a Japón. Ya no hay periodistas dando la vuelta al mundo. Las tecnologías te permiten, y la empresa te obliga, a tener un contacto casi diario con la información, es decir, con el contenido de tu medio. Ahora no puede ser como en Vietnam. No puedes mandar tu información en avión o satélite, como hacía Miguel de la Cuadra Salcedo.

Ahora los periodistas van a la guerra a cubrir la posición de directo. No estás donde tienes que estar para contarlo. Hemos pasado de cubrir lo que hay que cubrir a que el periodista se entere de lo sucedido por Internet o por teléfono desde el hotel. Eso ha prostituido bastante el buen periodismo.

Contar una guerra es bastante difícil. Cada uno quiere que cuentes su versión. Cubrir las guerras es cada vez peor porque el medio te exige rapidez y no puedes contrastar. Cuentas lo primero y lo cuentas peor. Necesitamos que el café repose, que deje el poso y te tomes el caldo bonito. Se puede extrapolar al resto del periodismo, pero más en las guerras.

P: ¿Hay saturación informativa en el periodismo?

La saturación es un elemento muy subjetivo: nunca ha habido tanta población tan bien formada y tantos medios para ofrecerte dicha información. Ello hace que la información sea cada vez mayor y sea más complicado cribar lo importante de lo interesante. Hay una simplificación cada vez mayor de los contenidos informativos. Y en eso Twitter tiene mucho que ver.

P: ¿Gozas de autonomía o es autónomo a la hora de realizar su trabajo?

Sí. Dentro de las empresas hay determinados condicionantes. Siempre he tratado de escoger a los mejores por el bien de tu empresa. Para los trabajos “finos” hay que poner a los trabajadores “finos”.

P: Entonces, ¿cómo es la influencia del medio al que perteneces sobre el estilo periodístico? ¿Tienes libertad para contar lo que ves o el propio medio te hace seguir unas directrices?

A mí nadie me ha exigido que cuente las cosas de una determinada manera, otra cosa es que como redactor me manden a un sitio en lugar de a otro. Siempre he contado como me ha parecido y nunca me han dicho que lo contara de otra manera. Trabajar en una empresa pública tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Durante mucho tiempo hemos estado más expuestos a las voluntades de los políticos y otras veces menos, pero también el estar en una empresa pública te permite saber que si alguien te obliga a hacer algo y le dice que no, esto no significa que te vayan a echar a la calle. En una empresa privada, sí. Los periodistas deben acostumbrarse a decir más veces que no.

P: ¿Existe un periodismo más allá del burka que interponen los propios partidos políticos?

Sí. Su propia opacidad me impide ser más explícito. Año 2000 cuando yo estaba en Madrid y era redactor, comenzaron a llegar informaciones acerca de un riesgo brutal de hambruna en Etiopía, que va a morir un millón y medio de personas.

En Addis Abeba, contactamos con la BBC y cuando llegamos a la zona exacta (frontera con Somalia y Kenia) los etíopes nos dicen que la hambruna es igual que la de hace 10 años, el año pasado y la de dentro de 10 años, es decir, ahora. Me dio por preguntarme quién había activado esta alarma. Llegué, finalmente, a la conclusión de que lo había hecho la BBC ya que existía un conflicto diplomático entre Etiopía y Gran Bretaña, de manera que si indicaba que existía un elevado riesgo de hambruna, los extranjeros podrían entrar en la zona sin que el régimen etiope mostrara resistencia porque lo hacían de forma humanitaria y periodística. Metieron Occidente a los etíopes entre pecho y espalda.

P: ¿Es el periodismo la mejor herramienta en tiempos de crisis?

Es la mejor en tiempos de crisis económica, moral… El periodista tiene un contrato con la sociedad que me obliga a contar por lo menos mi verdad: ser riguroso, contrastar. A no hablar por hablar. Cuando se cumple, es una gran herramienta. Cuando el periodismo es mentira, lo estamos prostituyendo. Me extraña que se llame periodista a aquellos que aparecen en programas de cuchicheos. A lo mejor yo no lo soy y Belén Esteban sí lo es. No exijo la exclusividad del término, pero hay una gran diferencia entre esa profesión y la mía. En tiempos de crisis eso ayuda a que la gente entienda una serie de referentes.

P: Como reportero, tienes la obligación de contar las cosas tal cual lo ves. Además de periodista, durante una guerra, también eres persona. ¿Cómo influye todo esto?

Lo decía en el reportaje y me refería al periodismo empotrado: cuando vas empotrado en las tropas británicas o de Estados Unidos y sólo te puedes mover por donde ellos dicen que te muevas, tienes que contar lo que ves y debes de aclarar que sólo estás informando desde una de las partes que están en conflicto. Si pretendes contar la guerra sólo desde esa óptica, está mintiendo porque hay combates y guerras que no estás viendo.

Las guerras hay que explicarlas. Yo en Afganistán trataba de explicar el contexto de la guerra. No iba empotrado con nadie. La visión global como empotrado no la puedes tener nunca.

Si viajas, poso personal, sí, pero ahí también depende de la personalidad de cada uno. Tengo un espíritu un tanto viajero: tomo el avión, y si voy a Nicaragua me siento nicaragüense. Me olvido un poco de mi parte española. Cuando vuelvo a Madrid, me vuelvo a sentir español. Eso permite reciclarte continuamente. Ahora bien, no quita que al volver de una guerra y ver muchos muertos, que ha fallecido un amigo, no te toca. Pero ahí depende de la psicología que le quieras dar. Al volver de una guerra me ponía a trabajar en lo que no quiere hacer nadie, lo más humilde: las colas, el texto que lee el presentador. Eso me daba una sensación de normalidad, de José Antonio Guardiola, y de estabilidad familiar. Muchos de mis amigos tienen vidas muy desestructuradas porque han apostado por ello, yo tengo muy claro que mi vida son mi mujer y mis hijos, y que lo otro es mi profesión. Muchas veces he dejado de ir a las guerras en momentos clave por compromisos familiares. Rechacé ir de empotrado a Kabul, en el batallón en el que murió Julio Anguita. La familia es lo primero y lo otro va después, eso a mí me da mucha fuerza. Hay otros que están intentando siempre salir y ser los primeros, suelen ser los que viven solos, libran un domingo y no saben qué hacer, etc.

P: El mejor chaleco antibalas es el miedo. En una situación de normalidad, ¿ese miedo puede ser un sinónimo de ética y objetividad? ¿Se puede ser periodista sin miedo?

Sí que se puede ser periodista sin miedo pero puede que no cumplas muchos años, esa frase me parece que encierra mucho. Da la sensación de que el reportero de guerra no tiene miedo. Parece que el reportero es superman. Tiene miedo y tiene que tener miedo y si no tiene, es probable que acabe muy rojo o muerto.

P: Si no se tiene miedo es por la deformación del cine, ¿no?

Eso es más del ciudadano. Yo creo que la sociedad se ha acostumbrado a ver las guerras en la televisión y al final se creen que es una persecución de coches. Y no. En realidad hay muertos, se viola y se queman casas. En eso influye mucho la manera de contar las guerras.

Al final edulcoras tanto la guerra, que la sociedad le pierde el miedo. Si una sociedad piensa que una guerra es algo que se pasa, se entra en un crisis moral porque la guerra es lo más devastador que le puede ocurrir a alguien. Parece que las guerras son aventuritas. Sólo teniendo miedo se puede contar siempre y bien una guerra. Lo importante de una noticia es poder contarla y volver. No tenerla.

El miedo ayuda a ser más ético pero entrar en el debate miedo-cobardía no es lo justo. El chaleco antibalas no es el miedo como tal, sino el indicar hasta dónde contar, que está en manos del equipo entero. Hay que decidir cuándo dar el paso atrás.

En Jedín, los territorios ocupados en la operación ‘Muro de Defensa’. Israel estaba haciendo de todo con los palestinos. Estaba con Carlos, Iván Llela, Fran Sevilla y Alfonso Rojo. Subimos a un olivar desde donde se divisaba la ciudad con la idea de poderle preguntar a alguien. Y entonces, Alfonso dijo: “mi prestigio me obliga a llegar hasta aquí y no dar un paso más”. Y los demás dijimos lo mismo y nos volvimos. Eso es el miedo: que algo huele mal y podemos salir en una caja.

P: ¿Qué es la guerra para un reportero? ¿Qué aprende un periodista? ¿Qué es lo que puedes enseñar?

Que el ser humano es a veces monstruoso. A Robert Fisk, un periodista del Independant, magnifico pero me cayó fatal, le dije que lo que me fascinaba de la guerra era conocer los límites del ser humano que no te lo imaginas en una situación normal. Te imaginas que tu cuerpo, o tu mente, va a colapsar en una situación crítica antes de lo que crees. Aprendes que es muy fuerte y que es muy malvado y muy manipulable: un grupo de dirigentes que es capaz de manipular un pueblo, como en los Balcanes, que son capaces de inocular el odio cuando habían convivido durante siglos, es tremendo. Mira lo que hacían con los croatas, que les ponían los huevos colgando de corbata.

Me revienta mucho cuando se simplifica mucho una guerra. Ese es el primer paso para que la sociedad deje de tenerle miedo a la guerra.

También he aprendido mucho de periodismo. A moverme en territorios complicados. Siempre te tratarán de colocar una versión. En una guerra es muy fácil decir que Sadam tiene armas, que tiene vínculos con al Qaeda. Todo eso inocula un odio. Había elementos que te incitaban a creerlo. La guerra de propaganda en una guerra, poco a poco hace que la empiezas a ver con cierta distancia. Aprendes a cuidar lo que tienes.

En una guerra hay malos y buenos. Los malos son los que dirigen las guerras, sean serbios, croatas o bosnios; los buenos son los que mueren y desde luego, los malos no son inocentes. En Sarajevo, todos los periodistas estaban muy influenciados por el dolor para tratar de contarte su versión. Lo que pasa es que no había nuevas tecnologías. Ahora al Qaeda te sube un vídeo a la red y punto. Le importa un bledo tu versión y sin necesidad de invitarte a un gin tonic para convencerte.

Las guerras hacen que los periodistas seamos más vulnerables.

P: ¿Relato frente al análisis?

A mí me gusta más el relato que el análisis. Cuando estudiaba periodismo, yo me veía más en Bruselas como corresponsal, porque me gustan las Relaciones Internacionales y estudiarlas. Me gusta contar la sustancia. Por ejemplo, ¿qué te enseña el 11-S? Que se ha desintegrado el modelo de seguridad del imperio estadounidense y que se han endeudado hasta las cejas. ¿Y quién compra esa deuda? China. Y China tiene a Estados Unidos “agarrado por los huevos”.

A mí me gusta vivir una historia y contarla desde mi perspectiva y por ello me gusta explorar nuevos modelos de narración. Cuando llegué a ‘En Portada’ dije: “quiero que arriesguemos”. Todo ello te supone nuevos retos. Para cada tema, me gusta buscar un estilo.

P: ¿Maldito o bendito oficio?

Las dos cosas. Si me preguntas en Sudán del Sur una noche que dormí 42º sin aire acondicionado, con los mosquitos, con una camiseta de manga larga, la mosquitera… digo maldito, maldito, maldito. Es una ironía, pero para mí es una bendición. El hecho de ser testigo de grandes hechos humanos y poderlo contar, es una bendición. Pero cuando en una guerra matan a un amigo, maldito. Y cuando ves que los que dirigen el periodismo no son periodistas, sino que son los que especulan con tu dinero, dices que esto no es un oficio, que es un negocio. Pero si lo pongo en una balanza, me quedo con lo bendito.

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